lunes, 5 de septiembre de 2011

Mala memoria/ Buen olvido


Tengo un tema con la memoria. Un temón.
Creo que tengo temor de que llegue el día en que no me acuerde la fecha de esas magnificas vacaciones, con quienes estuve ahí ni las mil anécdotas que tengo guardadas. Por eso saco muchas fotos.
Por algún lugar leí que uno no recuerda la realidad sino lo percibido de esa realidad.
Entonces, ¿Los recuerdos son puro invento?

¿Qué pasa con los testigos oculares (aquellos que vieron tal como fue el asesinato, o vieron salir corriendo al asesino del lugar del hecho)?, ¿Qué pasa con ellos cuando van a declarar en un juicio después de muchos años? ¿Se puede seguir estando tan seguro de lo que se recuerda?

El papá de Juana Muñiz Barreto desapareció durante el proceso militar. A él y a un amigo los secuestraron. El amigo pudo escapar y escribió todo lo que había vivido en esos días (nombres, lugares, diálogos, caras). Casi 30 años después ese escrito sirvió para el juicio contra Luis Patti.

Conozco a una persona que su primer recuerdo lo tuvo al año de vida: estaba sentado en la mesa del comedor, con sus abuelos y entra el pañalero con un tacho naranja lleno de pañales.
Será que me sorprende un recuerdo tan prematuro porque los míos arrancan a los 12 o 15 años.

A veces no me gustaba la forma en que había resuelto una situación, entonces imaginaba como seria la misma situación con un final diferente. Por ejemplo: una pelea con una amiga, un examen, el final de un campeonato en el deporte que hacía. El problema es que cuando evoco ese recuerdo, tal vez 10 o 15 años después, me viene con el final cambiado.

Tengo en mis manos un artículo de investigación sobre la memoria, leo en voz alta, bien fuerte y para todos: “Existen varios tipos de memoria, en primer lugar, de corto y largo plazo. Lo que vemos, oímos, sentimos con el tacto y olemos se guarda, en general, en la memoria de corto plazo, no más de 20 segundos”.

Yo me acuerdo como olía mi primer noviecito, me acuerdo que el fuego quema y algunas pieles también…

Sigo leyendo en voz alta:“Aquello que registramos por interés, necesidad o motivos emocionales va a la memoria de largo plazo”.

Ha!... por eso se me guardó el olorcito de mi primer novio…porque estaba vinculado con el interés, la necesidad y lo emocional. OK. Continuemos: “A su vez la memoria de largo plazo se subdivide en declarativa y procedural. La declarativa incluye la semántica encargada de guardar nombres, letras de canciones y la memoria episódica que conserva hechos e historia”

Yo no tengo semántica, ni oído musical.

Sigo: “La memoria procedural recuerda conocimientos como tocar instrumentos o manejar (no hay manera de olvidarlos)”.

¿Y que pasa con los grandes amores? No son conocimientos que “tejen conexiones imborrables entre las neuronas” como dice este articulo…pero hay algunos que se anclan en el medio del cerebro…

Silvia Plager, amiga y escritora de obras tales como: “La rabina”, “Las damas ocultas del Greco”, “El cuarto violeta”, dijo el otro día en un encuentro con sus lectores: “Somos, no solo lo que recordamos, sino también lo que olvidamos”.

Ahora me quedo mucho más tranquila.



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